Bueno. Otra cosa de la que no estaba seguro de si iba a funcionar o no
Adrian Veidt

lunes, 11 de abril de 2011

Hoy he tenido una idea. He pensado que si fuera compositor, y no escritor, escribiría una sinfonía para tú. Los  versos describiría tu cara, tu cuerpo, tu interior, dibujaría una imagen de cómo eres. Cuando el piano los toque, las notas resonaran por toda la habitación, dibujando tu cara, sonriendo. El primer movimiento hablará de cómo nos conocimos (o cómo podríamos haberlo hecho). Hablará de nuestras primeras conversaciones, austeras, bonitas, delicadas, sinceras… De todo lo que dijimos y de lo que pensábamos de verdad. Sobre todo la verdad. Hablará de las palabras sinceras. Tu rostro que dibujan mis pensamientos escupirá cada palabra al ritmo que suena el violín. El segundo movimiento será la partitura de la indecisión. Aquí ambos sabremos la verdad, y nos guste o no, es lo que ha pasado. Debes de tener por conocimiento completo y por seguro, y no es chanza, que toda realidad vivida por cualquier persona cuenta la historia, tal y como es. Demostrará que la felicidad pudo estar en el otro lado. El tercer movimiento es declarado el auge. Es el triunfo de una historia semiperfecta. La perfección no es para mí, si no, no sería quien soy. En este movimiento dejaré claro que siento muchas cosas de las que hice, pero que todo lo que hago, lo hago porque me gusta. Se dejará claro todo que lo que gustó que dijeras, y lo que me gustaría que hubieras dicho. El cuarto movimiento será de cadencia de este imperio. Las notas serán bajas. Destacarán el oboe, la viola, el contrabajo y el clarinete. Con cada lento y triste sonido del contrabajo saldrá por la imagen de tu boca cada frase lentamente, y cuales flechas, me rodearan para finalmente impedir mi movimiento, para que puedas acabar conmigo. El fin de la partitura es una despida sincera, un bonito “hasta nunca”. Esta sinfonía será olvidada. Está sinfonía será conocida como Confianza y Miseria.

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